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era cerca de un kilómetro, pero se escogieron las calles más frecuentadas del público, para dar a la ejecución mayor solemnidad. Algunos dicen que la Madre de Jesús, San Juan y las piadosas mujeres seguían de lejos el cortejo, llorando y compadeciendo a Jesús. Lo -cierto es que más tarde se encontraron en el lugar de la ejecución... Considera, alma mía, esta dolorosa escena. Acompaña a Jesús por la Vía Dolorosa. 2. Lleva tu cruz.-Jesús nos dice: "Si al– guno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame" (3). A todos los que quieren seguir a Cristo, les in– vita a la abnegación y a tomar la cruz todos los días. Es necesario imitar al crucificado. La imi– tación de Cristo supone cargar con la cruz to– dos los días. Los más íntimos serán los que ma– yores cruces lleven. Todos los reinos de este mundo están fundados sobre un trono. Las reli– giones de la tierra, de ordinario, tienen también un altar. La religión cristiana tiene un trono y un altar: la cruz de Cristo. Podemos tal vez ser espectadores de una mul– titud inmensa de pueblo reunido en un aula donde domina un crucifijo. Se ora a un Con– denado, se medita sobre un patíbulo. Nos po– demos proponer el dilema :o Jesús crucificado, que tiene por trono y por altar una cruz, es el (3) Lttc., IX, 23. - 180 -

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