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3. Lugar del suplicio.-Pronunciada la sen– tencia, se preparaba la ejecución. Se elegía un lugar frecuentado y fuera de los muros de la ciudad, para que los transeúntes pudieran ver a los condenados y les sirviera de escarmiento. En el lugar de la ejecución se plantaba, o estaba fijo ya, el palo vertical de la cruz. Los pies del condenado restaban casi a la altura de un hombre. El lugar elegido para crucificar a Jesús y los dos ladrones fué una pequePía eminencia o coli– na en forma de cráneo, llamado por esto Cal– vario, y en aramaico, Gólgota. Esta pequeña al– tura estaba situada fuera de la puerta de los jar– dines al septentrión de Jerusalén, próxima al Santo Sepulcro. Consideraciones. l. Cortejo fúnebre.-Entre los hebreos y romanos no se daba intervalo entre la senten– cia y la ejecución; de ahí las expresiones de los romanos rapere ad supplicium, ad crucem (1) .. Pilato, apenas pronunciada la sentencia contra Jesús y los ladrones, dió orden al lictor de pre– parar todo lo que era necesario. Los soldados, recibida la orden de obrar, se dirigen a Jesús, le quitan al caña y el vestido de púrpura con que le había despreciado Herodes,. renovando las heridas que manaban sangre. Le (1) Cicerón, 2, 59. 178-

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