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161 spirat» (8). ,;p,or tanto, le debemos suplicar que venga ,en todo ti,empo y debemos esperar su ve– nida, dejando a su paternal providencia que escoja el momento má,s p:::opicio. Viene del cielo para infücar que todo don per-' focto desciende del Padre :de las luces, ,en ,eJ que r:o hay mutación (9). Viene con viento y rumor, ,como pr·ecursor de las gracias y de las bendiciones que trae al alma. De esa manera se anuncian los monzones de Ja India, portaidores de lluvia que fertiliza al cam– po. Ei soplar' d·el viento indicaba que ,el Evangelio debía llegar a todas las partes del mundo por la pr,edicaición de los Apóstoles. El yiento puriüca las almas y las libra de 'la ,corrupción, ,como e,1 espíritu cristiano purifica de Ja ,corrupción de 1 l mal. El viento fuerte derriba 1os árboles y las casas, 1 el espíritu de Dios destruye la idolatría y ,el reino del pecado. El viento no se ve, pero se palpan sus ,efectos; tampoco el Espíritu Santo se ve, pero se conocen su maravillosos efectos en el alma. Finalmente, viene un sonido como de viento e,xtraordinario para significar ,eri. fervor, e1l ím– petu con que ,el Espíritu Santo mueve al alma al ejercicio de la vi.rtud, es como una fuerza que no admite dilación, hace dulce violencia a la hu– mana libertad sin destruirla. El Espíritu Santo no admite tardanza: ,«iNescit tarda molimina». Llenó toda la ,casa donde habitaban los Após- (8) Ioann., 3,8. (9) Jac., I, 17. 11

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