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138 Con todas las obras buenas hechas con rectitud de intención y en estado de gracia. Debemos ser como los usureros, que no pier– den ocasión para ganar. No pérdamos nosotros el tiempo precioso que Dios nos concede y sea– mos soUcitos negociantes del reino de los cielos. Decía S. Pablo, que por la gracia de Dios era lo que era; pero añadió que la gracia de Dios en él no fué vana, ociosa o €Stéril. Hagamos fructificar la gracia. Trabajemos con los talen– tos que Dios nos ha concedido. Negociemos hasta que venga a llamarnos. Negotiamini dum venia. ;Negociad con la gracia y los dones de Dios. Sed buenos mercaderes y fomentad esa sana y lauda– ble avaricia de aumentar los bienes ,celestiales. EPÍLOGO I. Aprecio de la divina gracia.-La gracia s,anti– ficante es un tesoro escondido. En el .alma del just< está el Huésped divino mediante la gracia. Aventa ja -a todas }as cos,a.s naturales. Un solo grado de gra cia v,ale más que todo el mundo. Está -adorn,ad,a coJ el cortejo de las virtudes. Es necesario a.marla, apre ciada, cuidarla con esmero. II. Cómo se conserv1 ·El velo blanco en el bautismo simbolo de la conse1 vación de la gracia. Para conservarla sirv,en: el per samiento de las postrimerias, la huída de las ocasic nes próximas, la mortificación, la ocupación, la or: ción, la frecuencia de s31cr91mentos, la devoción ·a · Virgen Santisima. III. Aumentar la gracia. No hl que hacer como el rico insensato. Debemos ser av, ros de las riquezas que no perecen. La gloria se ¡proporcional a la gracia. Aumentemos nuestra b rencia, nuestro tesoro ,eterno, nuestra renta... ¿C

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