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Octubre Hay un hecho significativo y bastante desconocido por los religiosos. Próximo a celebrarse en Roma el LXXI Capítulo general de los capuchinos, los «Zagales» propusieron la idea de que en dicho Capítulo fuera declarada la Divina Pastora como «Patrona universal de las misiones capuchinas». La propuesta fue presentada por los representantes de España; se sometió a deliberación y fue aprobada por unanimidad. El padre Cesáreo llegó al puerto venezolano de la Guaira el 7 de enero de 1933. Poco tiempo después navegaba bordeando la costa hacia el Oriente, para entrar por las bocas del Orinoco y subir hasta el Caroní. Tras unos meses de aclimatación tropi– cal en Upata, Luepá y Tumeremo, se inicia su arriesgada odisea hacia la meta soñada, junto a la frontera del Brasil: la reciente– mente fundada misión de Santa Elena del Uairén. Esta pinto– resca región venezolana del Alto Caroní, denominada La Gran Sabana, fue hasta 1930 prácticamente desconocida no sólo para los misioneros, sino también para los propios venezolanos . Si hoy es conocida geográfica y etnográficamente, se debe a la acción desarrollada en ella por el padre Cesáreo y otros compa– ñeros capuchinos, cuya epopeya está jalonada de hitos heroicos, de abnegación, de ilusión y esperanza, de estudio y trabajo evangelizador. En 1940 ftjó su residencia en Tucupita, siendo elegido con– sejero del Superior Regular. Fue el padre Baltasar de Matallana quien le acompañó en una excursión exploratoria del río Paraguay sus afluentes, comenzando a llenar cuadernos, titula– dos «de omni re», con los innumerables datos geográficos y etno– gráficos que le sirvieron para estudios posteriores. Todo lo guardaba en su «Busaca» brasilera, una especie de cartera que siempre llevaba colgada al hombro. En esta excursión, y en las realizadas en los años siguientes, aprovechaba los pequeños descansos para anotar nombres de cerros y de ríos; de insectos, 418
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