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parroquiales. Para el cargo de Superior Regular fue elegido en ocho ocasiones diferentes, siete de ellas agotando trienios com– pletos. Por si fuera poco, en 1957, recae también sobre su persona el nombramiento de provicario y vicario delegado del Vicariato Apostólico del Caroní. Párroco y superior de Kamarata fue su nuevo destino en 1975. En 1978 se incorporó al centro misional de Santa Teresita de Kavanayén, con estos mismos cargos que conservaría en este centro mientras su salud se lo permitió. Con muchos años y el cuerpo quebrantado por un cáncer de piel que le surgió en la cara, alternó su estancia entre Kavana– yén y Santa Elena a partir de 1994. El ya aludido cáncer de piel, unido a otras deficiencias pul– monares difíciles de curar, motivó que este casi nonagenario religioso fuera trasladado a la enfermería de La Chiquinquirá (Caracas), con una salud mermada por los trabajos agotadores que hubo de realizar, a veces en condiciones infrahumanas. Los tratamientos quirúrgicos que se le aplicaron sobre el cáncer fueron solamente un respiro transitorio para mantener su vitalidad y paliar sus achaques, pero nunca los solucionaron. Sin angustias, calladamente como había vivido, concluyó su tra– vesía por este mundo al anochecer del día 2 de junio de 1997, siendo enterrado en el cementerio Sur de Caracas. Tenía ochenta y nueve años de edad y había consumido más de seis décadas de su existencia en beneficio de las misiones. En Luis Cubillas tienen los hermanos capuchinos de Castilla otro ejemplo de trabajador abnegarlo y apóstol, entregado en cuerpo y alma a llevar a los más necesitados el mensaje del Evangelio. 229
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