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Mayo «Hijo adoptivo de Zurita», por haber dedicado la mayor parte de su vida a la difusión de nuestra cultura entre los aborígenes del inmenso territorio bañado por las aguas del río Orinoco. La gran gloria de un hornbre pide que su méritos se puedan expli– car en pocas palabras; pero ocurre que, en rnuchas ocasiones, sobrea– bundan los hechos y las ideas y faltan palabras adecuadas para expre– sar lo que fue y significó un personaje como el padre Zurita. Quizá pueda acertar si digo que el «ora et labora», trabajo y oración, fueron para él una consigna que no trató de cantar, pero sí de practicar. Destaca por su celo apostólico y entrega altruista al ministerio sacerdotal entre los aborígenes de Venezuela. Leía mucho, rezaba mucho y practicó una gran devoción a la Eucaristía y a la Virgen patrona de las misiones: «El tiempo que me queda libre lo dedico a la lectura y a la fabrica– ción de rosarios. Gracias a Dios y a la Virgen que me ayudan para que también yo pueda ayudar. » iQué bien lo reconocieron aquellos indios que tuvieron la delicade– za de inhumar su cuerpo delante del altar de San Francisco y la Divina Pastora! Un buen sitio para descansar. BIBLIOGRAFÍA: AP fol. 353; BOV 20 (1973) 47, 32 (1981) 13, 87 (2001) 330-338; VM 602 (2001) 73-74; Flash 9 (2001) 24-30; Pacífico 73; Veinticinco 194 218 222. 220
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