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-------------- Le quedaba el consuelo de saber que «el que empieza tiene la mitad del camino andado». Otros misioneros, igualmente ilu– sionados, recogerían el fruto de esta siembra inacabada. En 1951 le encontramos en Pedernales y al año siguiente en Guayo, como responsable del centro misional. De esta estancia quedan como recuerdo el dispensario, la casa de los misioneros y varias escuelas repartidas por diferentes caseríos. Por esta labor, el Gobierno de Rómulo Betancourt le manifestaría diez años más tarde su confianza, al encargarle la preparación de un censo indígena de la jurisdicción de Guayo. Cuando fue disgregada de la misión del Caroní la parte del Bajo Orinoco, se creó un nuevo vicariato apostólico que tendría por nombre y centro la ciudad de Tucupita, cuyo primer vicario apostólico fue designado el 19 de diciembre de 1955, en la per– sona de Mons. Argimiro García. Después de esta desmembra– ción en dos vicariatos apostólicos, Quintiliano Solórzano pasó por los centros de Santa Elena, Tucupita y Guayo. El 12 de octubre de 1967 estaba de residencia en Santa Elena, después de haberse incardinado al Vicariato del Caroní. Este cambio debió resultarle costoso dada la experiencia y los conocimientos adquiridos sobre el mundo guarao, pero todo lo superó con la esperanza de continuar al servicio de los indíge– nas. Al año siguiente pasa a Kavanayén y, en 1971, a Kamarata, donde funda una escuela nocturna para adultos y se hace cargo de la Agencia Aeropostal y de la Estación Meteorológica. En 1978 se traslada a Wonkén, después de haber pasado por Santa Elena y, desde 1984 hasta 1990, permanecerá en Kamarata. En este año Mons. Mariano Gutiérrez hizo entrega a los dominicos del centro misional. 217
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