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son el rostro y el reflejo de toda la comunidad y deben experi– mentar muy directamente la cercanía del pueblo. Él recibía dia– riamente a fieles, niños, emigrantes . .., que buscaban ser aten– didos en el confesonario, parroquia, colegio, dispensario para necesitados, hogar del jubilado o en la enfermería provincial de los religiosos. Siempre se le vio con la amabilidad en los labios y la caridad en su corazón, permaneciendo, como quería San Francisco, «pacífico, manso y humilde, honestamente hablando a todos como conviene». En el Capítulo de 1999 recibió nuevo destino, esta vez a la fraternidad de Jesús de Medinaceli. Aquí se vio obligado a bajar la guardia en materia de trabajo por imperativos de salud. PwLaLlemeule la etapa más conflictiva para su estado le sobrevino durante la última década di" su vid;:i, p::isarla t>n Madrid: se le acentuó la dificultad en la visión que había veni– do soportando desde niño; la enfermedad de Parkinson hizo acto de presencia en su cuerpo, dificultando el dominio de sus movimientos; hubo de someterse a curas de diálisis, completán– dose el cuadro clínico con una profunda disminución de la acti– vidad cerebral y descontrol de la personalidad. Firnilmente, se hizo necesario el internamiento en la enfer– mería de San Antonio, a la que había sido provisionalmente destinado en el Capítulo de 2002. Allí falleció el 23 de abril de 2003. Trabajador fiel y prudente, como el elogiado en el Evan– gelio, sirvió a los hermanos en las ocupaciones más humildes y necesarias, siempre con la sonrisa delatora de un corazón cari– tativo y lleno de fraternidad. El hermano Luis fue un hombre de talla fisica normal, con andar habitualmente ligero y siempre con la cabe.za erguida, como queriendn 199
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