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Abril dedicadas a determinados servicios. Los seminaristas fueron testigos de la generosa entrega y delicadeza con que el herma– no Luis trató de remediar sus necesidades . Después de pasar por el convento de Valladolid, fue destina– do a Montehano para desempeñar el cargo de hermano del colegio, como antes lo había hecho en El Pardo. En 1958 fue enviado a León, y en agosto de 1960 a Salamanca, donde desempeñó los oficios de portero, sacristán y cocinero. Con estos mismos cargos pasó a Valladolid en 1969 hasta que, en 1971, fue destinado al Colegio Internacional «San Lo– renzo de Brindis», con el fin de atender a la portería. Fueron seis años de permanencia en Roma al servicio de la Orden. El regreso a la Provincia en 1977 le llevó por primera vez a La Coruña, donde estuvo al frente de la portería y de la sacris– tía hasta que, en 1987, fue trasladado a Vigo para desempeñar estos mismo oficios. Y de Galicia, a Madrid: aquí se inició y aquí concluyó su vida capuchina. Primero dejó los frutos de su larga experiencia en la porte– ría del convento de Cuatro Caminos donde, desde 1990, pasó muchas horas anotando encargos de misas, marcando llamadas telefónicas a los religiosos, recibiendo a gentes necesitadas o abriendo la puerta a los numerosos fieles que debían solucionar algún problema en los despachos parroquiales. Es un trabajo humanamente pesado, fastidioso, a veces aburrido y siempre cargado de responsabilidad, máxime en un lugar que, como es el caso de Cuatro Caminos, se debe atender a mucha gente de diversa condición y para múltiples asuntos. Para este cargo los superiores suelen buscar a los hermanos más pacientes, bondadosos, prudentes y acogedores; pues ellos 198

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