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Este contacto directo, y la relación de su familia con los frai– les, fue determinante para dar vida a los gérmenes de su voca– ción capuchina. Fue miembro de la JUFRA, y en este semillero comenzó también a gustar los primeros sabores de la espiritua– lidad franciscana. Terminados los estudios primarios su padre, de profesión camarero, le consiguió trabajo en una tienda de textiles de las que tanto abundan en la zona antigua de Madrid, permane– ciendo en este empleo hasta que optó por seguir las huellas de San Francisco, el hijo de aquel otro rico mercader de telas de la ciudad de Asís. Estrenando el nombre religioso de fray Ángel de Madrid, comenzó el noviciado en Bilbao, el 14 de agosto de 1951 , pro– fesando por primera vez el 15 de agosto de 1952. Tres años más tarde emitió los votos perpetuos en Valladolid, el 15 de agosto de 1955. Nada más terminar el noviciado fue enviado al convento de San Antonio de Cuatro Caminos para trabajar en la cocina y, transcurrido apenas un mes, los superiores le trasladaron a Jesús de Medinaceli para encargarse también de la cocina y rea– lizar otras suplencias en <livcrsas oficinas del convento. En estas labores permaneció provisionalmente durante algunos meses. En 1953 fue destinado al Seminario de El Pardo como co– laborador del hermano del colegio. La presencia de un ayudan– te se hacía ineludible en aquellos años de renovación, especial– mente para todo lo referente a la vigilancia, acompañamiento y cuidados médicos de los estudiantes. Es verdad que la presen– cia de las religiosas de La Divim P;:istora habían liberado a los frailes de algunos trabajos esenciales en el iuten1a<lo; pero el número elevado de estudiantes (más de ciento cincuenta) y de profesores reclamaba la atención de personas expresamente 197

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