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veinte años, dedicado al apostolado de la predicación, al ministerio del confesonario y a la atención en el culto de nuestra iglesia de San Francisco, hasta que en 1957 fue destinado a Santa Marta (Sala– manca) como director espiritual del colegio de filosofia (1957- 1959). En una cuartilla colocada en la puerta de su celda tenía graba– das unas frases del Kempis, entre las cuales estaba la siguiente: Ven– drá la paz un día que el Señor sabe, el cual no se compondrá de día y noche como en esta vida temporal, sino de luz perpetua, paz firme y descanso eterno». Y llegó ese día al P. Justo cuando apenas hacía un mes que se Fnrnntraha en Madrid consultando a diversos especialistas sobre su estado de salud. Había decidido regresar a su convento de Santa Marta, pero se sintió enfermo a primeras horas de la mañana: solici– tó ayuda a un religioso que se encontraba en la habitación próxima, quien no pudo hacer otra cosa que ayudarle a volver a la celda y avisar al médico. Una hora después falleció en el convento de Jesús, el 22 de noviembre de 1959, a los 66 años de edad, 47 de vida religiosa y 39 de sacerdocio. El P. Justo residió casi toda su vida en el convento de León, donde fue primeramente profesor de teología durante quince años y se dedicó, durante otros veinte, a la predicación y demás ministe– rios sacerdotales. En nuestra iglesia estuvo encargado de la congre– gación de Sirvientas de la Divina Pastora. También aprovechó su tiempo para dedicarse al apostolado de la pluma, llegando a publicar varios opúsculos de carácter espiritual y diversos devocionarios. Algunos de sus títulos son: Manual de las devotas de la Divina Pastora (Valladolid, 1937); Con mi jesús (Bilbao, 1940); El sacerdote español (León, 1950); Mi recuerdo de la Santa Mi– sión (Valladolid, 1948); La esperanza cristiana a la luz de las enseñanzas bíblicas (Bilbao, 1957), etc... 963
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