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los méritos están ahí, como fueron y como son, como Dios los ve... También la meritoria existencia del P. Bernardino ha quedado como un apretado haz de virtudes y de realizaciones. De «Hogar Seráfico» copiamos estas frases de algunos que le cono– cieron: « ... en la vida de los hombres hay muchos testimonios: testimonios de su obrar, de su vivir, del recuerdo que van dejando entre los otros... ... Y me viene a la memoria el recuerdo de aquel hombre ilustre, modelo y predecesor en la tarea educativa de los hombres, Sócrates de Atenas, recor– dando sus palabras por la semejanza que tienen con los que gastan su vida educando a los otros: Sé que las generaciones futuras darán también testimonio de mi, de que nunca cometí injusticia contra nadie, ni a nadie hice peor, sino que beneficiaba a todos los que me trataban enseñándoles gratuitamente todo el bien que pude. La corona de gloria de un profesor son sus alumnos, enfrase de Platón. Y ahí estamos 2.119 alumnos dando un testimonio elocuente de la labor educativa del P. Bernardino...» (P. Publio García). « ... Al P. Bernardino, cincuenta años de profesor en El Pardo, le veo sonriente. En él la constancia se ha hecho historia.Junto a su sacerdocio, la dedicación a la enseñanza ha llenado su vida. Yo admiro ese sonreír bon– dadoso y sereno de quien ha ido sembrando en el alma de tantas generacio– nes la semilla del sacerdocio...» (Ángel Igualada). De su carácter y vida religiosa hemos de destacar estas cualidades: conciencia delicada, afable de carácter y de espíritu sencillo y abierto. Profe– só un gran amor a la Orden, edificando por sus virtudesfranciscanas. Fue, además, un religioso muy devoto de la Virgen y de la Eucaristía. BIBLIOGRAFÍA: AO 91 (1975) 129; BOP 27 (1974) 609-611, 24 (1971) 960 277-279; «El Niño Seráfico», n. 0 16 (1949); «Hogar Seráfi– co», n.º 36 (1972), n. 0 47 (1974).

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