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En 1919 fue destinado a las misiones de Venezuela, llegando a Caracas el día 20 de julio; de allí salió, poco después, hacia Maracai– bo, donde permaneció hasta 1924. El 2 de septiembre de este año partió con otros misioneros hacia la recién fundada misión del Ca– roní, llegando el 20 de junio de 1925 al centro misional de Araguai– rnujo. El 24 de diciembre del mismo año 1925 los padres Benigno de Fresnellino, Bonifacio de Olea y Fray Rogelio de Valduvieco inauguraban, en un ranchito prestado por el Sr. Marietti, la segunda casa-misión en las orillas del río Barima, bajo la advocación de San Antonio de Padua. De esta estación misional, que apenas duró dos años a causa de las fuertes fiebres palúdicas que allí reinaban, hubo de regresar el Hno. Rogelio enfermo, instalándose nuevamente en la misión de Araguaimujo, donde prácticamente permaneció el res– to de su vida. El 16 de noviembre de 1954 llegó a Tucupita no para abando– nar la misión de Araguaimujo, sino para realizar los ejercicios espi– rituales en compañía de otros religiosos. Se acostó bastante cansado después de un fatigoso viaje en lancha. Al no levantarse por la ma– ñana, fue un religioso a buscarle a su habitación, encontrándole, con gran sorpresa, muerto sobre la cama. Estaba próximo a cumplir los 73 años de edad. Contaba 51 años de vida religiosa y 35 de vida . misionera, de los cuales había pasado 28 en la misión de Araguai– mujo. La población de Tucupita, en cuyas calles era familiar la figura de este venerable hermano, acudió en masa a los oficios fúnebres y acompañó su cuerpo a su última morada. Las autoridades civiles y militares, los colegios oficiales y privados, las congregaciones reli– giosas y el público en general hicieron acto de presencia, dando una muestra espontánea de su cariño a tan meritorio misionero. Por su eficaz labor en pro de los indígenas, el Gobierno venezo– lano le había concedido la Medalla de Francisco Miranda de 2.ª clase. 952

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