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En las Tablas capitulares del año 1916 aparece destinado en el convento de Montehano, desde donde pasó al Seminario Seráfico de El Pardo con el oficio de profesor hasta 1920. El 28 de febrero de 1920 llegó a la isla de Puerto Rico, que pertenecía entonces a la Custodia de Venezuela, dedicándose de lleno a los ministerios sacerdotales. De Puerto Rico pasó a Cuba, también perteneciente a la misma Custodia, y de aquí a la misión del Caroní, quedando primeramente en Tucupita. Entró en el Vicariato el 7 de septiembre de 1924. El 10 de febre– ro de 1925 salió de Tucupita el P. Samuel de San Mateo, que había sido nombrado Párroco de El Callao, en el interior de la Guayana, y ese mismo día comenzó a ejercer el P. Bonifacio las funciones de Superior, maestro de la escuela federal «Alí Gómez» y Párroco, car– go para el que fue nombrado el día 5 de marzo. En diez meses escasos no tuvo tiempo el P. Bonifacio para dejar grandes memoriales de su actividad: sostuvo con los otros misione– ros el culto promovido en años anteriores y recorrió casi todos los campos pertenecientes a la parroquia. Uno de los fines principales, si no el primero, que se propuso el gobierno de Venezuela al firmar el Convenio de Misiones, fue la seguridad e integridad de todo el territorio nacional, de ahí que su primera preocupación, al llegar los misioneros, fue el estableci– miento de estaciones misionales entre los indígenas fronterizos, se– gún estipula dicho Convenio, firmado con la Orden Capuchina. Las autoridades religiosas del nuevo Vicariato, que lo que pretendí– an era la evangelización de los indígenas, vieron en esa intención del Gobierno la posibilidad de un apoyo decidido y, con ello, el éxito de sus futuras labores, y por eso secundaron los planes del mismo: así nacieron las estaciones misionales de San Antonio de Barima y San José de Amacuro. El 18 de diciembre de 1925 salían de Tucupita, con el fin de establecer la casa-misión en el río Barima, Monseñor Alonso Nistal, 947

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