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también Superior de Bayamo durante dieciocho años, Superior y Vicario de Marianao entre los años 1951 y 1962 y Asistente 1. 0 del Custodio de Cuba durante varios años. Desde 1973 a 1982 fue Vi– cario de la fraternidad de La Merced, en Caracas. En 1981 figura como Párroco en dicha iglesia y, para el trienio 1984-1987, fue de nuevo nombrado Vicario de dicha fraternidad. La predicación, la asidua atención al confesonario, la participación en el culto como organista, animador de las celebraciones litúrgicas..., y el cuidado de los enfermos fueron actividades que conformaron su vida sacerdo– tal y sirvieron para llevar el consuelo espiritual a muchas almas. Tuvo el P. Victoriano muchos rasgos ejemplares en su vida y un acervo de virtudes para imitar: santa y sana alegría; parece que practicó aquel consejo de Amadn Nrmm ruand,o dice: «Alégrate si eres pequeño; alégrate si eres grande; alégrate si tienes salud; alégrate si la has perdido, para así recuperarla. Alégrate si eres pobre; si eres rico, alégrate. Pero, eso sí. Alégra– te siempre, siempre». O como escribió también Jacinto Benavente: «Una hora de alegría es algo que robamos al dolor y a la muerte». El amor a la pobreza franciscana; la obediencia sin reparos, como reclamaba Nuestro Padre; su afán por atender con dignidad al culto divino y su caritativa dedicación a los enfermos fueron los testimonios perennes de un buen sacerdote y de un religioso convencido de su responsabilidad vocacional. BIBLIOGRAFÍA: AO 111 (1995) 167;BOP 20 (1967) 7 74 92, 44 (1991) 176; Flash, n. 0 137 (1991) 48. 927
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