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centes: solamente le movió el bien de las almas, el prestigio de la Iglesia y el buen nombre de nuestra Orden, a la que amó profunda– mente. Y esta actitud suya, responsable y desinteresada, fue segura– mente la causa de sus éxitos y el motivo de su aceptación: «•.. Muchísimo he predicado -dice en sus "Notas"-. El fruto de este trabajo apostólico le estoy recogiendo hoy, pues con mucha frecuencia en– cuentro almas que me agradecen su vida cristiana rectificada o sostenida gracias a una novena, a una misión, etc., predicada por mí o que yo haya organizado. También tengo que dar gracias a Dios, porque han sido también va– rias las vocaciones religiosas que han surgido gracias a mi predicación... He procurado siempre predicar el Evangelio y nada más que el Evangelio: tal vez a esto se haya debido la aceptación que siempre he tenido al predi– car...» (Notas espirituales). En el aspecto espiritual, continúa el P. Villalobos contándonos sus vivencias con estas palabras que reflejan su sentido religioso: «Dos han sido en mi vida religiosa las devociones que me han gustado siempre y que he procurado practicar: la devoción a la Eucaristía y a la Virgen Santísima. También he practicado mucho el santo Vía crucis. El hacer bien las cosas del culto me ha interesado, así como la puntualidad, y, en cuanto de mí ha dependido, las funciones sagradas me gusta siempre hacerlas con esplendor.» Son estas palabras un fiel autorretrato de este prestigoso sacerdote y religioso capuchino, que desde muy niño sintió inclinación por las cosas de la Iglesia y de la Orden Capuchina, gracias al influjo de uno de sus bisa– buelos, que era terciario franciscano y murió amortajado con el hábito de nuestra Orden. BIBLIOGRAFÍA: BOP 31 (1978) 405-408, 2 (1949) 14, 11 (1958) 35, 17 (1964) 42; Flash, n.º 30 (1978) 11 y n.º 31 (1979) 1-3; AO 95 (1979) 114. 922

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