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la Universidad Gregoriana de Roma (1927-1931), obteniendo el doctorado en teología. Allí recibió el presbiterado el 15 de marzo de 1930. Al regresar de Roma, en 1931, fue destinado al colegio de León con el cargo de lector, explicando las disciplinas de teología funda– mental, historia de la Iglesia y sagrada elocuencia, comenzando también el ministerio de la predicación, que prácticamente llenó toda su vida sacerdotal. Pocos religiosos, en una vida tan larga, cambiaron tan pocas veces de residencia: en 1939 fue trasladado al convento de Jesús (Madrid), en el que permaneció por espacio de casi cuarenta años, hasta su muerte. F.l dfa ~ rle rliciemhre de 1978, festividad de la Inmaculada, fue internado en la UVI del sanatorio de San Camilo de Madrid, a cau– sa de las complicaciones que se derivaron de lo que, en un princi– pio, parecía una simple afección gripal: el diagnóstico era incierto, pero el pronóstico fue calificado por los médicos de muy grave, hasta el punto de temerse un trágico desenlace. Sin embargo, se pudo recuperar lentamente, aunque las esperanzas de vida duraron poco tiempo: pocos días después, el 14 de diciembre, fallecía en la clínica de San Camilo a consecuencia de una pleuritis con derrame inter– no. Contaba 72 años de edad, 55 de vida religiosa y 48 de sacerdocio. Fueron numerosísimas las muestras de condolencia que se reci– bieron con motivo de su fallecimiento, de personas particulares y de representantes de instituciones y autoridades, tanto civiles como religiosas. De la Casa Real de su Majestad se recibió el siguiente telegrama: «Rvdo. P. Superior Comunidad Capuchino jesús de Medinaceli. Pala– cio de la Zarzuela. Al enterarnos fallecimiento P. Villalobos, la Reina y yo deseamos haga llegar a toda la Comunidad nuestro más sentido pésame, pidiéndoles nos tengan presentes en sus oraciones.» Con afecto. juan Carlos R 919

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