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en 1919; Montehano en 1922, como Vicario; Madrid en 1925 y 1928, desempeñando el cargo de Guardián en el segundo trienio; León en 1931, igualmente con el cargo de Guardián y, finalmente, Montehano, donde nuevamente había sido elegido para desempe– ñar el cargo de Gu2rdián. En esta fraternidad le sorprendió la revo– lución de 1936, refugiándose en Bilbao y pudiendo librarse así de la persecución contra los religiosos. Al ser liberada la ciudad de Santander, el P. Severiano retomó al convento de Montehano, en donde continuó con el cargo de Superior. Pudo así asistir al traslado de los mártires de nuestro convento desde la prisión del Dueso a la iglesia de Montehano. Fueron dichos religiosos el P . Migut>l rlt> Graja] y Fray Diego de Guadilla, que pere– cieron fusilados el 30 de diciembre de 1936. El P. Severiano se hizo cargo de la parroquia de Cícero el 18 de octubre de 1937 por deseos del Excmo. Sr. Obispo de la diócesis de Santander, siendo desde entonces los capuchinos quienes han veni– do regentando dicha parroquia. En 1939 aparece en la lista de religiosos destinados en el con– vento de León y, en 1940, se trasladó al convento de Bilbao, donde permaneció hasta su muerte, gozando de perfecta salud hasta 1950. Cinco años antes de su fallecimiento sufrió una fuerte conges– tión pulmonar, a consecuencia de la cual se fue debilitando sensi– blemente. Una nueva congestión, que le sobrevino un mes antes de morir, le postró por completo. Con pleno conocimiento y sensible devoción, entregó su alma al Señor el día 14 de noviembre de 1956, a la edad de 87 años, 69 de vida religiosa y 65 de sacerdocio. El P. Severiano desempeñó numerosos cargos de gobierno, siendo Guardián casi en todas las fraternidades en las que estuvo destinado por la obediencia. Su principal actividad fue el ministerio de la predicación, senci- 915
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