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Residiendo en Araguaimujo, le sorprendió la muerte el 8 de noviembre de 1959, cuando, en horas avanzadas de la noche, tras atender a la planta eléctrica de la misión y buscar su descanso junto al río, se desmayó -según se cree-, cayendo al agua. La corriente le arrastró lejos de la misión y los hermanos misioneros encontraron al día siguiente su cadáver en un lugar bastante alejado de la misma. El P. Corbillos dedicó los mejores años de su vida sacerdotal a llenar sus anhelos misionales en Venezuela, poniendo al servicio de la causa del Evangelio su juventud, sus talentos, sus esfuerzos y toda la ilusión de su vida, tal como se refleja en las crónicas que solía escribir en Venezuela Misionera. Es uno de los misioneros que con más cariño y veneración re– cuerdan los indios de Araguaimujo, donde pasó la mayor parte de su corta vida en Venezuela. Al R. P. Rafael de Garbillos, misionero capuchino, muerto en el río Orinoco, dedica Fray Felicísimo de Respenda un sentido poema, del que entresacamos las siguientes estrofas: 894 «... Cuando ayer te nos ibas sembraste en el agua la leyenda más íntima. En adelante, tú serás en el agua la brisa y el calor del alma misionera, el ángel de las aguas junto a tu casería, la juventud, el brío sacrificado en aras de los indios. Tú no morirás en el recuerdo; serás en la ribera Jaro y río, y si «sangre de mártires, semilla de cristianos», tú serás en la vida misionera... semillero.

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