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rio parroquial, les llevaba la comunión asiduamente, les administra– ba los últimos sacramentos y reconfortaba espiritualmente su alma con su presencia, sus consejos y su conversación. Todas las perso– nas que han tenido algún contacto con él, le recuerdan agradecidas por su afabilidad, su simpatía, su trato agradable y su delicada aten– ción. ¿Qy,té decir del P. «Bemardico»? Le gustaban mucho los diminutivos: «hermanito», «corderico»... una reminiscencia, quizá, de «las Fuenticas», nombre del pequeño arroyo que pasa por su pueblo. Tenía un carácter fuerte cuando las circunstancias lo requerían, pero su firmeza quedaba solapada por su estilo humilde, sencillo, candoroso y hasta un poco infantil: «Si no recibís el reino de Dios como un niño no entraréis en él.» Fue siempre muy amante de las tradiciones de la Orden y de la obser– vancia regular, poco dado a entretenimientos o distracciones inútiles. Cari– tativo en la vida de fraternidad, atento con los huéspedes que pasaban por el convento, solícito por los religiosos y sus familiares, cariñoso con los niños, respetuoso con las opiniones de los demás... Devoto de San Francisco, de los santos de la Orden y de la Virgen, practicó una espiritualidad sencilla, pero profunda y ejemplar. BIBLIOGRAFÍA: AO 111 (1995) 165; BOP 46 (1993) 316 s; Flash, n.º 151 (1993) 35 s; Félix María, Los Ángeles del Tucuco 756 764; Pacifico 236. 891

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