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puso de manifiesto con sus notables aptitudes para la predicación y en la dirección de diversas comunidades de base. El P. David poseía dotes naturales para el gobierno y buenas cualida– des organizativas y capacidad de gestión. Tenía prudencia y talento para el trato con la gente, gran facilidad de adaptación a las más diversas circuns– tancias y una reconocida inteligencia práctica para analizar los problemas e intuir las soluciones más apropiadas a cada caso. De espíritu noble, afable y educado, tenía suma facilidad para el trato con las personas, ganando pronto su cariño y amistad, que aprovechó lue– go, en numerosas ocasiones, en beneficio de otros que solicitaban su ayuda. Fue un religioso rico en ideas sugerentes, sabía aconsejar prudente– mente cuando se le pedía su opinión. Porque conocía las limitaciones hu– manas y las suyas propias, era cvnciliadm; abici· to, respetuoso con las opiniones ajenas y correcto en sus críticas. Su carácter sereno, tranquilo y apacible, le hacía huir de todo lo que pudiera provocar situaciones tensas o enemistades con los hermanos: no era enemigo de nadie, sí lo era de la vulgaridad y de todos aquellos comporta– mientos de los que se pudiera derivar desprecio o un menoscabo del buen nombre de nuestra Orden. De espíritu liberal, progresista y transigente, nunca se sintió agobiado por las «cosas menores», pero sí trató de actuar con seriedad y responsabilidad en todos aquellos asuntos que pudieran inducir consecuencias trascendentes para su propia vida o para la vida de los demás. En el aspecto apostólico, es grato constatar que se mostró bien dispuesto y receptivo a las tendencias innovadoras de los nuevos tiempos, tanto en lo que se refiere a la pedagogía pastoral como a la educativa. Trató de asimi– lar los métodos modernos y de informarse para estar al día y hacer así más efectivo su trabajo. BIBLIOGRAFÍA: BOP 38 (1985) 240 s; Flash, n.º 88 (1985) 6 s; Pacífico 235. 885 --------

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