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que formaron el equipo de constructores que, con su trabajo, buen gusto y competencia, resolvieron tantos problemas materiales. Uno de sus colaboradores, Fray Adolfo de Espinosa, nos hace el siguiente relato biográfico de algunas de sus actividades: «Conocí a Fray Antonino de Prado en plena Guerra Civil, el año 1938, agosto. Recién profeso, me trasladaron a León, acompañado de Fray Lorenzo de Aranjuez. Fuimos incorporados a la obra que, hacía pocas semanas, había comenzado Fray Antonino: construir una pared de ladrillo para separar nuestra huerta de la calle Corredera. Entre noviembre y diciembre, al ser tomado Gijón por los nacionales, nos enviaron a los tres a aquella ciudad, y en dos meses improvisamos unos locales para servicio de portería, ya que aquella parte del convento había quedado destruida... En marzo podemos regresar de nuevo a León, y pavimentamos de piedra y cemento la parte exterior del convento frente a las clases actuales. Termina– da la guerra, comenzamos las arcadas para elevar los tres pisos que hoy existen a lo largo de la iglesia. En julio de 1939, nos envían a El Pardo. Fray Antonino se da a la tarea de recuperar los enseres de que había sido despojado nuestro conven– to: recorrió todo Madrid, exploró varios pueblos de los alrededores y consi– guió encontrar varias de las máquinas de la carpintería, los motores del pozo de la huerta con sus bombas respectivas y dos máquinas de sastrería. Después comienza la instalación y arreglo de todo aquello: la cocina no existe y hay que montarla; construir puertas y ventanas, que no quedaba una; arreglos de tabiques y tejados... Y mientras tanto, la obra de León parada, hasta que volviese él. Entonces decidimos dividir los años en dos períodos: el verano para León, y el invierno para El Pardo. Y por siJuera poco, sin terminar ni lo uno ni lo otro, a los diez años surge el regalo de las obras del hoy colegio de la Serna-Salamanca. Fray Antonino nunca supo decir que no a la súplica de los superiores. He sido testigo de cómo sufría por motivo de su oficio. Para el convento de León, construyó la escalera de subida al primer piso sin contar con el arquitecto y, cuando éste la vio, creyó que no resistiría y mandó derribarla. 878

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