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Zulia y llenó un amplio espacio de ella mediante sus obras materia– les y su intenso apostolado. Éste es eljuicio con que el Hno. Adrián Setién valora la personalidad y obra del P. juan Evangelista de Reyero: «•.. Si el misionero, que se estrenó en el Tucuco, era un joven lleno de ilusiones y de vida, el que llega ahora a la Guajira -habla del año 1961- es un misionero maduro y experimentado. Lo único que no ha menguado con los años es su voluntad de seroir y de entregarse a la causa del Evangelio. Planificador nato, se crece ante las dificultades; desconoce el desaliento y el cansancio; no tiene medida a la hora de realizar un esfuerzo, que sabe puede redundar en bien de los indígenas... ... Con su gesto característico: los labios apretados,. la barbilla promi– nente y los ojos grises clavados en el infinito, el P. juan entra en la historia como un gigante que cumplió a cabalidad su cometido dondequiera que le tocó vivir su vocación misionera. ... Cuando el reto era trascendental y decisivo para una obra de tanta envergadura como el Vicariato que se consolidaba, aparece este hombre de Dios que, con sus cualidades naturales no sólo aportó, sino que se entregó en cuerpo y alma a la tarea de testimoniar a Cristo y construir la Iglesia. Como troncos que hunden sus raíces en la historia, quedan esas obras materiales que son simples datos para calcular el tamaño de un esfuerzo y de una entrega... » (« Verwznela Mi~irmera», n.º 547) BIBLIOGRAFÍA: BOP 41 (1988) 161 s; VM 50 (1988) 244-246; Pacífico 245; AO 111 (1995) 167. 873
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