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Guarra era, en 1961, apenas un proyecto. Arrimada a las estriba– ciones del Alto del Cedro, con tierra fértil y agua abundante, pre– sentaba las condiciones adecuadas para levantar un gran centro de formación y capacitación para los indígenas, y allí, por espacio de once años (1961-1972), dejará el P.Juan Evangelista constancia de su empeño y laboriosidad. De Guarra, en 1973, pasó a la parroquia de Paraguaipoa donde, todos los caseríos que pueblan su gran sabana, sentirán su influen– cia vitalizadora. El centenario de Paraguaipoa fue la oportunidad para lanzar una ambiciosa campaña de reivindicaciones de cara a la obtención de recursos y mejoras que fueron conseguidas con su actuación. En 1981 dejó definitivamente la Guajira y regresó a Perijá con el encargo de construir la casa central de los misioneros del Vicariato de Machiques, que se ubicaría en la urbanización de Fundaperijá. Desde allí atendió el P. Reyero simultáneamente a las comunidades yucpas de Sirapta y Toromo. Inaugurada la casa misional en octubre de 1982, comenzó a centrar su atención en la infraestructura de la nueva parroquia de la Sagrada Familia, obra que hubo de abandonar, al sentir los prime– ros síntomas de su enfermedad: dolores y mucha fatiga. Fue trasladado a Caracas, y las revisiones médicas dieron un pronóstico grave: se trataba de cáncer de huesos. Presionado por la enfermedad, regresó a España el 25 de julio de 1988 en un intento e.e buscar remedio a su dolencia, pero los nuevos exámenes médi– cos no pudieron darle noticias esperanzadoras. Falleció en la enfer– mería de San Antonio (Madrid) el día 3 de noviembre de 1988 a los 67 años de edad, 47 de vida religiosa, 41 de sacerdocio y 37 de misionero en Venezuela. Con su muerte quedó cerrada una página de la historia, porque verdaderamente este duro e incansable misionero marcó su im– pronta en muchas de las instituciones de la Iglesia misionera del 872

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