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1 · Octubre · 1 malidad, pero lo cierto es que no pudo superar adecuadamente las crisis ocasionadas por estas enfermedades. Los últimos días de su vida permaneció en coma semiprofundo, hasta que, en la mañana del 31 de octubre de 1991, fue encontrado prácticamente muerto en su habitación. Había cumplido 77 años de edad. Pocos fueron los cargos de gobierno que ejerció el P. Felipe dentro de nuestras fraternidades (tres años de Vicario en Valladolid y Vicario parroquial o Coadjutor en algunas parroquias), sin embar– go, sí estuvo colmada su actividad sacerdotal con el apostolado en el confesonario, los servicios parroquiales, la atención espiritual a enti– dades oficiales y personas relevantes y, de manera muy singular, mediante la predicación popular, llevada a cabo en todas sus formas y peculiaridades. No sólo los pueblos y ciudades de España, sino también muchos de América, fueron testigos de su afán por trans– mitir a las almas el mensaje del Evangelio. Cuenta uno de sus condiscípulos que el P. Felipe no estaba sobrada– mente capacitado para los estudios, al menos, en los primeros años que pasó en el colegio de El Pardo realizando los cursos de humanidades: hubo de repetir algún curso y se vio obligado a recibir ayuda personalizada de los compañeros que, a este efecto, habían sido designados por los profesores. Esta circunstancia, ¿pudo originar en él algún retraimiento o complejo de inferioridad que dejó, quizá, ciertas huellas en su carácter? De hecho, a pesar de comportarse con normalidad en su convivencia fraterna, se mostró como un hombre algo personalista, callado, parco en sus opiniones y excesi– vamente reprimido en su conversación. Nunca fue amigo de exteriorizar sus sentimentos personales... Su trabaja estuvo marcado por la responsabi– lidad, la eficacia y la reflexión. Muy distante de estas trazas características de su personalidad fue la actitud que Nftantuvo en sus relaciones sociales, para las que estaba muy bien dotado: siempre mostró una modesta y cortés urbanidad en su trato con los personajes de alta alcurnia a quienes prestó su atención espiritual. Parece ser que su actitud humilde y su espíritu servicial, en estos meneste- 840
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