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do al confesonario y a la predicación; Ziruma, atendiendo a esta parroquia durante cinco meses, Borojó, etc. En septiembre de 1969 regresa a Valladolid, permaneciendo aquí hasta el día de su muerte, estando encargado de la congrega– ción de la Divina Pastora, del Hogar y Paz, Vicario de la fraternidad en el trienio 1975 y Vicario parroquial. Como ya hemos indicado, su vida apostólica estuvo marcada por la predicación, sobre todo de misiones populares, de las que había predicado, según él decía, más de mil, además de triduos, novenas y sermones de toda clase, tanto en España como en Amé– rica. Entre las actividades que desarrolló en las fraternidades donde estuvo podemos destacar: capellán de las monjas de clausura de Manzanares; capellán de la residencia de verano del Banco de Espa– ña, en Cercedilla; capellán de la condesa de Gavia y de los duques del Infantado en su castillo de Viñuelas (Madrid); capellán del Par– que de Barrenderos de Madrid; Vicario parroquial de Manzanares, Valladolid y en algunas localidades de Venezuela; encargado de Acción Católica de El Pardo; de la Orden Tercera en Manzanares, además de ser asesor de varios movimientos; de la Legión de María en Valladolid, etc. Hasta aquí el resumen del cronista provin– cial. Nunca se hicieron notar deterioros especialmente llamativos en la salud del P. Felipe, salvo la torpeza progresiva y natural que lleva inherente el organismo cuando la edad es avanzada. Sus movimien– tos, cada vez más pesados y dificultosos, sobre todo al caminar, le obligaron a pasar una temporada en la enfermería de San Antonio, desde donde regresó a Valladolid aparentemente recuperado. En 1990 tuvo que ser hospitalizado a causa de las úlceras varicosas que pedecía y, vuelto a casa, fue nuevamente ingresado en el hospital para someterse a una operación de vesícula. Todo aparentaba nor- 839
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