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Frente de juventudes, solía vestir, bajo el hábito religi,oso, el símbolo de la «camisa azul», que siempre respetó como una señal de amor a los valores de la Patria. Seguramente aprendió de pequeño aquella consigna que en los campamentos se daba a los jóvenes: «La camisa azul no es un disfraz, es un hábito». O aquella otra con que se impulsaba a trabajar en los más nobles ideales: «El campamento es una escuela de servicio y sacrificio». Su personalidad, su celo misionero y su patriotismo quedan bien resu– midos en esta dedicatoria de uno de sus libros: «Desde esta bendita España en que vivo, con coraje de lucha y voluntad de perfección, al servicio de un gran ideal misionero que vale más que mi vida.» BIBLIOGRAFÍA: BOP 36 (1983) 230-232; VM 45 (1983) 242-246; BOC, n.º 39, 353-355; AO 103 (1987) 157; Flash, n.º 68 (1983) 37-41. 822

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