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marchado a Venezuela para hacerle expresamente una visita. Hacia las once de la noche el P. Julio, que regresaba de la calle, escuchó unos suaves golpes a través del tabique de la pared de su habitación: era el P. Pacífico, que le llamaba. Al llegar, le encontró con un agu– dísimo dolor en el pecho que, según las primeras impresiones, era una angina de pecho. Las primeras palabras que pudo pronunciar fueron: Enterradme en Burojoida. Después de haberle aplicado los remedios más urgentes, quedó dormido. Al despertar de nuevo, pidió al P. Julio le leyera el princi– pio del evangelio de San Juan, tras haber pronunciado estas pala– bras: Me fui, ya estaba muy arriba, entre nubes, con muchos indios, canoas y flotadores, pero... no sé qué pasb y regresé. Y más tarde, hablando con la Hna. Felisa Villacoba: Qµé broma, Felisa, ya había subido y bajé. Dios aceptó mi ofrecimiento y, créeme, lo he hecho desde lo más profundo e íntimo de mi ser. He ofrecido mi vida por las misiones y los misioneros... Quizá el Señor quiera darme algo más de vida para publicar lo que est(JJ escribiendo. Y no lo hago para gloria mía. Quiero que os conozcan, que sepan cbmo os sacrificáis, qué hacéis, cbmo es de bella, sencilla y alegre vuestra vida en medio de tantas dificultades. A muchos les parece fantasía de Pacífico... Sblo siento morir por esto, pues si muero, tiran todo, nadie se preocupará de esos papeles, de los que dirán, como en otras ocasiones: quememos esto; sblo son cachivaches de Pacífico... Y poco después continuaba: Presiento que Dios ha aceptado mi ofrecimiento y que no moriré paralí– tico, como mi madre y mi hermano, siendo una carga para la comunidad... Y así sucedió, en efecto. Se preparó un helicóptero para trasla– darle desde Guayo a Tucupita y, en el camino, encontró la muerte junto con sus acompañantes, el director del hospital de Tucupita, una enfermera y dos pilotos de la F.A.C. A las seis y cuarto de la tarde del día 25, salió el helicóptero rumbo a Tucupita. Al día si– guiente se recibía en Caracas una llamada telefónica: Ayer, en Guayo, 819
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