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----- --- --- -- Fray José María fue, sobre todo, un hombre entregado a Dios en la oración. Se confesaba diariamente y su amor a la Eucaristía le daba fuer– zas para ayudar, o asistir, a todas las misas que se celebraban en nuestra iglesia de Bilbao, aunque para ello tuviera que intercalar algunos minutos de descanso en el lecho. Todos los religi,osos que le conocieron recuerdan gratamente sus cons– tantes horas de oración ante el sagrario, con sus ojos cerrados, su cabeza levantada y un profundo recogi,miento, en el que se adivinaba la inmensa actividad de su alma con Dios. Fue un peifecto hermano capuchino digno de figurar en la hagi,ografia de los hijos de San Francisco: sencillo, de alma transparente, amante de los sacerdotes como el Seráfico Padre, ávido de la palabra divina, ansioso de la Eucaristía, inocentemente alegre, feliz de su vocación... «He sido un gran pecador, decía, pero he gozado mucho de Dios en este mundo». Entre los hombres, fue considerado como un santo; seguro que para Dios figura en la lista de los escogi,dos. BIBLIOGRAFÍA: BOP 9 (1956) 160 s; AO 72 (1956) 324; Silverio de Zorita, El fraile albañil (Madrid, 1958). 814

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