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jo. Era de oficio maestro albañil, y con esta experiencia trabajó, de manera incansable, en las obras que se realizaron para la construc– ción o acondicionamiento de casi todos los conventos de nuestra Provincia: Lecároz, Fuenterrabía, Jesús de Medinaceli, Bilbao, El Pardo, Montehano, Vigo... Fuerte y arriesgado trabajo de oficial de albañil, que todavía le permitió encontrar tiempo para desempeñar otros oficios encarga– dos por la obediencia, o realizar faenas voluntariamente aceptadas por él, o ayudar a otros hermanos en el cumplimiento de sus obliga– ciones. De pie, sentado o de rodillas, cuando se sentía fatigado, ni su cuerpo ni su espíritu conocieron jamás la ociosidad. En sus últimos años encontró un oficio especialmente gratifi– cante para él: la sacristía. El orden, la limpieza, la puntual prepara– ción de todo lo necesario para el culto divino le hacían sentirse feliz por servir a los sacerdotes y tener la oportunidad de encontrarse más tiempo en la iglesia, cerca del Señor. Cuando uno se encuentra en la situación de tener que plasmar en unas líneas la personalidad humana y espiritual de un religioso como Fray José María de Leaburu, se siente, al mismo tiempo, abrumado y contento: abru– mado por la dificultad de hacerlo, contento porque cualquier omisión resul– ta disculpable. A grandes rasgos, su vida puede resumirse en lo que es el ideal y lema de toda persona consagrada a Dios: «ora et labora». Oración y trabajo, así de sencillo. Vivió trabajando hasta que el dolor o el cansancio le obligaba a parar– se o le postraba en el lecho. Nunca entregaba su ropa a lavar, para no aumentar las ocupaciones de los demás. A sus ochenta y ocho años, todavía era frecuente encontrarle con su paleta de albañil arreglando tuberías o cualquier otro desperfecto, que pudiera encontrar en las dependencias del convento... FrayJosé María amó con locura el trabajo; pero lo amó como un instrumento de santificación, hermanándolo con una vida espiritual llena de virtudes. «Sí, he cometido muchos excesos en el trabajo», dijo en alguna ocasión como excusa del agobio a que había sometido al hermano cuerpo. 813

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