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Cuando en 1982 los capuchinos abandonaron la parroquia de Manzanares, él manifestó, de manera insistente, su deseo de perma– necer en aquella ciudad: no eran éstos los deseos de los superiores, dado su estado de salud y las circunstancias inmediatas por las que los religiosos dejaron la parroquia. No obstante, siguió viviendo en Manzanares, en la residencia de ancianos y con la salud muy dete– riorada. En dicha residencia de La Milagrosa falleció el 21 de octu– bre de 1988, a la edad de 78 años, 61 de vida religiosa y 51 de sacerdote. Aparte de los años pasados en la residencia de Ribadeo, dedica– do a la predicación, toda la actividad del P. Cristino de El Carpio - con este nombre se le conoció muchos años en la Orden- tuvo lugar en la anteriormente citada parroquia de Manzanares. Allí de– sempeñó el cargo de Coadjutor durante quince años. No se ocupó solamente de los ministerios estrictamente parroquiales; también consumió muchas horas en prestar ayuda a otras instituciones y en numerosas obras de carácter social. Fue capellán de la Virgen del Carmen; de la Divina Pastora, capilla por él fundada; de San Blas, etc. Fue también consiliario de la Adoración Nocturna y de otras asociaciones, como la Acción Católica, las Hijas de Maria, la Her– mandad de las Ánimas y la Hermandad Ferroviaria. En Manzanares era un hombre conocido y apreciado por todos. Alrededor de la capilla de la Divina Pastora se creó, por iniciativa suya, una barriada para obreros ferroviarios, razón por la cual se le nominaba frecuentemente como el padre de los ferraviarios. Escribió también numerosos artículos en publicaciones como Lanza, de Ciudad Real; Comarca, de Vigo, y Hoja de Alaje, de la que fue fundador. Uevado por su celo pastoral, extendió su acción sacerdotal má-S allá, de las fronteras estrictamente ministeriales, dando una generosa respuesta a las necesidades humanas y tratando de solucionar numerosos problemas sociales entre las gentes de su parroquia. 809

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