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Miguel de la Varga, conocido en la Orden con el nombre de Fray Damián, había nacido en el pueblo leonés de Villahibiera, el 28 de septiembre de 1891. A la edad de veinticinco años se sintió llamado a la vida religio– sa, siéndole concedido el ingreso en el noviciado de Bilbao el 25 de diciembre de 1917. Terminado el noviciado, profesó el 24 de enero de 1918, en Bilbao. La profesión de votos perpetuos tuvo lugar en León el 19 de marzo de 1921. Durante los dieciséis años que permaneció en la Provincia, pres– tó valiosos servicios en los conventos de León, Gijón, Bilbao y Vigo, desempeñando, casi siempre, el oficio de cocinero. En 1934 fue enviado por los superiores a Portugal para gestio– nar y llevar a cabo la implantación <le nuestra Orden en aquella nación, siendo, juntamente con el P. Antonio de Carrocera y el P. Alfredo de Polientes, el fundador del convento de Barcelos, donde trabajó y residió hasta el día de su muerte. El 16 de octubre de 1948, un año antes de su fallecimiento, sufrió un ataque cerebral, del que no quedó completamente resta– blecido. Aproximadamente un año más tarde, el 8 de septiembre de 1949, se agravó notablemente su enfermedad, falleciendo el día 16, asistido por los religiosos de la fraternidad. Contaba 68 años de edad, 31 de vida religiosa y 15 de estancia en Portugal. Sus restos fueron depositados en el cementerio de Barcelos junto a los de los padres Fidel de San Sebastián, Gil de Campo e Ignacio de Ajánguiz, también religiosos de nuestra Provincia de Castilla. Los servicios prestados en las fraternidades, por donde pasó, fueron muy valiosos, particularmente en Portugal, donde siguió tra– bajando hasta el último momento de su vida: la cocina, la portería, la huerta, la sacristía, la postulación de la limosna... Cuentan que, en algunas ocasiones, hasta hubo de salir a los montes a cortar madera para cubrir las necesidades que se presentaban en la construcción del convento de Barcelos. 795

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