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el recientemente inaugurado convento de San Antonio de Cuatro Caminos (Madrid), hasta que, terminado el trienio, fue destinado otra vez al de Santander con el cargo de Vicario (1951-1960). En este destino siguió hasta que el 12 de agosto de 1963 fue trasladado a la enfermeria de Cuatro Caminos. En las primeras horas del día 4 de octubre de 1964, festividad de San Francisco, entregó su alma al Señor, a la edad de 89 años, 64 de sacerdocio y 54 de vida capuchina. Durante cuarenta años su ocupación principal fue el apostolado de la palabra. Las credenciales del ministerio apostólico ejercido por el P. Eugenio se pueden constatar mediante las «Licencias» con– cedidas por los obispos de dieciocho diócesis. Estos documentos, que guardaba en su poder, pueden ser aumentados con otras «Li– cencias» concedidas temporalmente o para el tiempo de misión. Cuando sus achaques y avanzada edad no le permitieron dedi– carse plenamente a la predicación, su actividad se concentró en la asistencia a los fieles en el confesonario y a la publicación de algu– nos opúsculos espirituales, que pudieran servir de ayuda y orienta– ción para sus vidas. Entre otras obras -algunas de ellas no edi– tadas- se encuentran Vía crucis, en forma de sonetos; Visita corta a San Antonio; Vía dolorosa, meditaciones sobre la Pasión del Señor adaptadas a las estaciones del Vía crucis; Vademécum teologal, una especie de catecismo en verso, y El misionero en tu casa, conjunto de pláticas y sermones para los días de misión. Es justo destacar también la importancia que tuvo al idear la publicación de la revista El Santo, que, llevada a cabo por el P. Lau– reano de las Muñecas, llegó a ser conocida en toda España. El P. Eugenio fue un religi,oso enamorado de San Francisco y amante de las glorias de nuestra Orden, que conoció y apreció desde pequeño. Supe– radas las dificultades por las que hubo de pasar antes de abrazar el estado 773
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