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misma persona: sacristía, cocina, hospederia, porteria... Frecuente– mente el hermano debe encargarse también de la administración y economía de nuestras casas. Esta situación compleja y, a veces, com– plicada con la vigilancia a personas ajenas a nuestra Orden,junta– mente con el servicio directo a la fraternidad, suponen en ellos una dedicación y una virtud nada común. Fray Demetrio, a pesar de sus cuantiosas ocupaciones, supo realizarlas con toda generosidad. Fue digno de alabanza en el cumplimiento de sus deberes, cuidadoso de las cosas comunes, buen administrador, atento y deferente con los religiosos y las personas extrañas. Según la opinión de los que con– vivieron con él, fue la ayuda más valiosa para superiores y súbditos en las residencias donde estuvo destinado por la obediencia. Pnr m hurm m.rh.r.t«r, inüligrmda ahierta y perspica.z, por su hn.hilidn,d, destreza y buen trato y, sobre todo, por su responsabilidady virtudes religio– sas, fue siempre Fray Demetrio un ejemplo de convivencia fraterna. Si quisiéramos colocarle una doble etiqueta como a hombre y como a religioso -dice un hermano que le conoció- la primera diría «jovialidad», la segunda «caridad». Su buen humor y su sonrisa le proporcionaron la simpatía y el cariño de todos. Merece destacarse su caridad con los enfermos. Era abnegado hasta el extremo de que las noches en vela y las consabidas molestias de los mismos no eran capaces de alterar la cuidadosa preocupación de este buen herma– no. Atendía a todos con afecto, y su sana alegría infundía optimismo a los mismos enfermos que cuidaba: conscientemente adoptó, como un lema para su vida, aquellas palabras de la Regla de San Francisco: «y si alguno de los frailes cayere en enfermedad, los otros deben servirlo como quisieran ser servidos ellos mismos». BIBLIOGRAFÍA: AO 80 (1964) 387; BOC, n.º 13 (1964) 18; BOP 17 (1964) 151; Peridiello 335 401. 769
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