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. Septiemb~e · ] propia existencia y enseñando después a los demás con el testimonio de sus obras. Casi siempre desarrolló su actividad en un ambiente propicio a la piedad y el recogi,miento, que él fomentó en sí y en los que le rodeaban con sus consejos, con su dirección, con la observancia regular que practicó siem– pre con el .mayor rigor y fue digna de los mayores elogi,os. Su celo por esa observancia regular y por conservarla en su integridad, lo mismo que su interés por las glorias, tradiciones y legislación capuchi– nas, fueron por todos reconocidos. Sobresaliente fue también por su caridad: caridad con los religi,osos cuando en los años de escasez económica hubo de llamar a muchas puertas para atender sus necesidades; caridad con los novicios, cuya dirección y cuidado lefueron encomendados; caridad con los enfermos, a quienes pro– digó las más solícitas atenciones... Su vida de pobreza y penitencia, el amor al retiro y a la oración, el recogi,miento y la casi continua presencia de Dios, completan la apretada lista de virtudes cristianas y religi,osas que pusieron al P. Diego en las más altas cimas de la santidad. BIBLIOGRAFÍA: BOP 11 (1958) 118 s; Silverio de Zorita, R P. Diego de San Román. Apóstol del confesonario (Madrid, 1960). 764
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