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convertiría en la revista El Santo y llegaría a ser una de las de mayor divulgación religiosa entre las que se publican en España. En 1948 volvió nuevamente al convento de León con el oficio de predicador. Durante todos estos años, el P. Laureano recorrió diversos paí– ses para formarse y ejercer el apostolado entre los más necesitados: Asia Menor, Egipto, Siria..., recibieron los frutos de su trabajo y de– dicación a las gentes más necesitadas de ayuda material y de con– suelo espiritual. Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, se trasladó a Roma, donde comenzó a tomar contacto con las gentes de los suburbios y tuvo sus primeras experiencias en el apostolado que marcaría en adelante su vida. Treinta y cinco años pasaría más tarde en Madrid (1951-1986), gastando sus fuerzas entre los más necesitados y colaborando en otros trabajos que le fueron encomendados, como Director del El Mensajero Seráfico, Vicedi.rector de la Casa de Ejercicios de San An– tonio, Vicedelegado provincial de la TOF y asesor de la misma en el convento de Jesús. Desde 1951, una nueva labor adicional se sumó a las ya numerosas que venía desempeñando: la gestión, fundación y organización del instituto religioso femenino Misioneras Francisca– nas del Suburbio, que de forma estable y con espíritu generoso man– tienen vivo el apostolado entre los pobres iniciado por el P. Lau– reano. No pasan en vano los años, y el trabajo, aunque es sano para el cuerpo y el espíritu, termina por causar un natural agotamiento. El P. Laureano murió con las manos en la masa, luchando hasta el último momento: en el convento de Cuatro Caminos le llamó el Señor con 95 años de edad, 79 de vida religiosa, 70 de sacerdote y una apretada lista de méritos para el cielo. P. Laureano de Las Muñecas, apóstol del suburbio: éste podía ser el título-resumen de toda su biografía. 748
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