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I' Sepdemht~ inyectar el espíritu evangélico en el ser y vida de nuestros queridos indíge– nas, también nuestras actividades todas, desde las más rudas y elementales hasta las más espirituales, han sido orientadas exclusivamente a crear una sociedad netamente cristiana...» ( tomado de la Introducción). A la vista de este resumen de la vida y actividad del veterano misionero capuchino, resulta ocioso decir que una de las virtudes características del P. Félix fue su espíritu de trabajo: la afirmación se demuestra fácilmente a la vista de sus obras. El P. Cesáreo de Armellada, compañero en alegrías y penas del P. Vegamián, nos ha dejado escritas algunas frases que enmarcan perfecta– mente su figura en el aspecto humano y espiritual: «... Yo le amenacé, diciéndole que, si él rrwría antes que yo, escribiría una nota necrológica, encabezada, ceñida a la cintura o calzada con tres epítetos, que aquellos días había leído yo al pie del busto del fundador de Socnoni Vacuun. Éstos eran los tres epítetos: SAGAX, AUDAX, TENAX: sagaz, audaz, tenaz. Que eso parece haber sido el P. Félix, así en las empre– sas materiales como en las espirituales.» Y sigue: «•.• La parte principal volóse al cielo, dejó/e al suelo duelo en la soledad, llanto en los ojos. Estuvo dedicado a tiempo completo, hasta el mismo día de su muerte, al servicio de Dios y de sus prójimos. Murió con las sandalias en los pies y el cerquillo monástico en la cabeza. Él también, "cuando empren– dió su vuelo, tenía las alas limpias".» BIBLIOGRAFÍA: BOP 40 (1987) 218-220; VM 49 (1987) 224-226, 11 (1949) 440; EV 12 s; Veinticinco 218-223; Pacífico 242. 744

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