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Sustanciosa y amigable intromisión en su vida privada, pero también una condescendencia, que seguramente él supo gozar y agradecer. Como es la vida, así es la muerte. Las siguientes palabras suyas, reco– gidas por el cronista de la enfermería, reflejan su actitud ante ambas reali– dades, como un destello de su alegre intimidad: «... No me preocupa el más allá, hay que vivir el momento presente con optimismo y alegría franciscana. No tengo miedo, ni depresión, no siento dolor ni preocupación por el más allá, no, ninguna». Entonces, ¿eres feliz? «Pues sí, nada me inquieta». Hombre optimista,Jranciscanamente alegre, paciente, positivo. Piadoso e intelectual daba rienda externamente a sus devociones por los puntos de la pluma, :,-u.-,tanliándvla en el amor a la 'Virgen y a San Francisco. De otros cariños menos profundos pero más humanos también dejó constancia: «lo único que sentiría es el día en que no pudiese escribir más versos, o leer más libros, o pasar unos días en mi patria chica». Su espíritu jovial y su sentido del humor le hacía mantenersefeliz ante los acontecimientos más adversos. Y no era pasotismo; es que, como dice J G. Cáceres: «El que canta es el primero en recibir los beneficios de la melodía: alegría de corazón, paz de espíritu, felicidad». El P. Segismundo fue feliz porque supo hacer un canto de su vida. Hermoso testamento de un capuchino humanista. BIBLIOGRAFÍA: AO 111 (1995) 167; BOP 18 (1965) 106, 30 (1977) 112 139, 29 (1976) 105, 43 (1990) 221; Flash, n.º 129 (1990) 41. 735

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