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P. Antonio de Vegamián, quien por exigencias del Prelado Diocesa– no tuvo que hacerse cargo interinamente, a principios de enero del año siguiente, de la incipiente fundación que se había comenzado en aquella ciudad. De la misma obra del P. Carrocera anteriormente citada son los siguientes párrafos: «.•. Complacidos por la presencia alfrente de los destinos espirituales de la parroquia de Altagracia de esta ciudad, del Rvdo. P. Antonio de Vega– mián, de la Ordenfranciscana, que tanto ha trabajado en todos los tiempos por la evangelización de todos los aborígenes de nuestra República..., hemos visto realizadas las antiguas y perennes aspiraciones de esta nuestra ama– da ciudad, de tener una casa de tan querida y popular Orden.» Con estas palabras escribían al Prelado, Monsenor Enrique Ma– ría Dubuc, un numeroso grupo de caballeros de la ciudad de Bar– quisimeto. La extensa carta de la que forman parte las líneas anteriores, así como otra, igualmente extensa, escrita por las damas de la ciudad, fueron favorablemente acogidas por el Sr. Obispo, que les contestó con frases laudatorias a la labor que los capuchinos habían realiza– do y estaban dispuestos a continuar realizando en Barquisimeto. Dichas cartas fueron publicadas íntegramente en El Impulso, el 13 de febrero de 1939. Los trabajos apostólicos de los capuchinos en el poco tiempo que llevaban en la dudad, bajo la dirección del P. Vegamián, se puede resumir así: fomento del culto, congregaciones y catequesis en la iglesia parroquial y abundante predicación en la ciudad y en otros lugares de la diócesis. El P. Antonio la recorrió casi toda, ya acompañando al Sr. Obis– po en la visita pastoral, ya solicitado por los pueblos, que supieron apreciar sus excepcionales dotes oratorias y exquisito trato social. 725

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