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vamente hacia América el 28 de octubre de 1968. En Mérida, su primera residencia, desempeñó el cargo de Vicario parroquial. Fue después trasladado a Maracaibo y, al cabo de tres años, en 1984, volvió de nuevo a la residencia de Mérida para dedicarse a la aten– ción de la iglesia como Coadjutor de la parroquia. Antes de su re– greso a esta ciudad había desempeñado también, durante algún tiempo, el cargo de Párroco de Casigua, población de unos 8.000 habitantes, perteneciente al estado Falcón y situada a 90 km de la ciudad de Maracaibo. En 1986 había comenzado a notar sus primeros achaques físi– cos con una pérdida rápida y progresiva de la visión, que terminó imposibilitándole para el cumplimiento de sus obligaciones minis– teriales. Regresó a la Provincia y, al comienzo del verano, solicitó de los superiores el permiso para quedarse en España para reponer su salud e intentar una operación, con la esperanza de mejorar el esta– do de su visión. Fue destinado al convento de Valladolid. Cuando se encontraba pasando unos días de descanso con la familia, en su pueblo natal, se encontró gravemente enfermo: supuración y pie– dras en la vesícula o, como dicen los especialistas, colelitiasis y colesístitis. Inmediatamente fue ingresado en el hospital universitario de Valladolid donde permaneció tres semanas sin que los medicamen– tos y demás atenciones médicas dieran un resultado satisfactorio. Fue trasladado a la enfermería de Cuatro Caminos; de aquí, al sana– torio de La Milagrosa, en Madrid y, sin esperanzas de curación, nue– vamente a la enfermería de San Antonio, en Cuatro Caminos. Aquí falleció, a los 80 años de edad, durante la noche del 11 al 12 de septiembre de 1991. Ya había perdido completamente su relación con el mundo exterior cuatro días antes de su fallecimiento. El P. Ladislao permaneció, hasta elfinal de sus días, con la ilusión de poder regresar a las tierras de Venezuela para reemprender su apostolado 717

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