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como aquel hermanito franciscano que cantaba en la hora de la muerte.» Se comprometió de tal manera con los valores propuestos para llevar a cabo su vocación de misionero capuchino que, incluso las dificultades exte– riores y su posible limitación, se convirtieron en una pieza clave para el desarrollo de su trabajo. «Sobre su tumba crece el sueño de pensar en un retoño que repita esa larga vida de misionero, sufrido y paciente, constante y desinteresado, con– secuente: un buen misionero capuchino» (A. Setién). BIBLIOGRAFÍA: AO 111 (1995) 103; BOP 46 (1993) 275 s; BOV, n.º 59 (1993) 234 s; Flash, n.º 149 (1993) 41; VM 12 (1950) 306 s 133, 13 (1951) 103 s, 30 (1968) 122; Félix María, Los Ángeles del Tucuco 169 737 741 764 767 770 778 809; Pacífico 146. 700
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