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de enero de 1972. Había permanecido veinticinco años en la mi– sión del Caroní. En Caracas desempeñó el cargo de portero de La Merced. Estu– vo también en el convento de San Judas Tadeo, de Maracaibo. Pero el amor a la vida misionera continuaba patente en él, por lo que, a los dos años, pidió permiso para volver a ella, reintegrán– dose activamente a Kamarata, donde transcurrió la última etapa de su vida. Su salud, no obstante, venía minada de tiempo atrás, como diji– mos. Esto le había obligado a someterse a una delicada operación. Algunos meses antes de su muerte, sintiéndose muy debilitado y víctima de grandes molestias físicas, hubo de marchar a Caracas para consulta medica. Se veus6 uve1<l.lle J.el e~tómago, pero al rea– lizar la intervención se descubrió que un tumor maligno había inva– dido sus entrañas. Luchó dos largos meses contra lo inevitable, dando con su paciencia y aceptación de la voluntad del Señor, en medio de muchos sufrimientos, admirables ejemplos de sumisión a la hermana muerte. Ésta le visitó el 3 de septiembre de 1976, a los 64 años de edad y 47 de vida religiosa. Fue Fr. Saturnino religioso de grande laboriosidad y ejemplar entrega a los destinos de la obediencia, santificándose en cada uno de ellos no menos que en su penosa enfermedad. Era, además, de carácter j(T{)ial y emprendedor, poco asequible al desaliento y a los respetos humanos. BIBLIOGRAFÍA: BOP 29 (1976) 349 s. 691
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