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íleo paralítico. Después de una laparatomía exploratoria, se vio que su enfermedad era de carácter irreversible. Había ingresado en la enfermeria provincial el 18 de marzo de 1986, falleciendo, en el transcurso de estas múltiples enfermedades, en la clínica de San Bernardo, de Madrid, el 1 de septiembre de 1989. Contaba 76 años de edad, 59 de vida religiosa y 52 de vida sacerdotal. La vida del P. Hermenegildo estuvo dedicada, casi exclusiva– mente, a los ministerios específicamente sacerdotales, tanto en Es– paña como en Venezuela. Su labor parroquial tuvo una nota muy específica en la atención especial que dispensó a los enfermos, visi– tándoles con frecuencia y asistiéndoles en los últimos momentos mediante la administración de los sacramentos. Dificil resulta juzgar la vida de un religioso que vivió, durante muchos años, inmerso en un mar de enfermedades fzsicas y de tipo psicológico. No cabe duda que la interacción de estas dolencias psicosomáticas le causaron una neurosis obsesiva casi permanente, que influyó para agravar todavía más su estado de salud mental y corporal. Otra incidencia importante en el agravamiento de sus enfermedades pudo ser la propensión descontrolada a abusar de la ingestión de medica– mentos: analgésicos, purgantes, vasodilatadores, tranquilizantes..., que a veces pudieron resultar tóxicos para su organismo y desencadenantes de una acentuada depresión para su espíritu. Fue, a pesar de todo, un religioso ejemplar, trabajador infatigable, pia– doso, bondadoso, muy amante de la Virgen y enamorado de su sacerdocio. BIBLIOGRAFÍA: BOP 42 (1989) 100 s; Flash, n.º 120 (septiembre de 1989) 31-33; AO 111 (1995) 169. 688

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