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do de la enseñanza en nuestros colegios mayores, como profesor de filosofia. Desempeñó también diversos cargos en nuestra Provincia: Director del Boletín Oficial, Viceadminist:rador de la revista El Santo, delegado provincial y local de la Obra Seráfica de Misas durante muchos años, Ecónomo provincial, etc... Este último cargo lo de– sempeñó en circunstancias bastante dificiles, desde el punto de vista económico, para nuestra Provincia, ya que durante su mandato tuvo lugar la construcción del colegio de filosofía de Santa Marta, para cuyas obras fue uno de los comisionados. En otras etapas de su vida religiosa se dedicó prevalentemente a los ministerios específicamente sacerdotales, tanto enjesús de Me– dinaceli como últimamente en el convento de Cuatro Caminos. No se cumplió en el P. Severino aquel dicho de «Mens sana in corpore sano», ya que su vida terrena fue, como diría Santa Teresa, «una mala noche en una mala posada» a causa de sus achaques y debilidades fisicas. Sin embargo, todo lo soportó silenciosamente, pacientemente, sin que en ningún momento sufriera menoscabo su generosa y continuada dedicación al servicio de la Provincia. Fue un religioso amable, de carácter algo tímido y retraído, enemigo de las discusiones acaloradas y ajeno a las conversaciones banales. Organizado en su trabajo, constante y metódico en el desempeño de sus obligaciones, ejerció sencillamente, eficazmente, cuantas misiones le fueron encomendadas por los superiores. Fue un sacerdote de porte austero, devoto y amante de la observancia regular. BIBLIOGRAFÍA: BOP 30 (1977) 362 s; Flash, n.º 15 (septiembre de 1977) l. 684

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