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Cuando todavía veinte días antes de morir le operaron de una hernia próxima a estrangularse, una noche el solícito Fray Alexi, que había que– dado para atenderle durante la noche, en vista de que el paciente estaba bastante tranquilo, medio sentado, medio acostado se quedó dormido. Pare– ce que el jlautado que produce los ronquidos estaba en toda su afinación esa noche. Al día siguiente el P. Enrique dramatizó la escena. Cuando fue nuestra enfermera le dijo que había tenido un león metido en la habitación, pues tales habían sido los rugi,dos... A mí me dijo que no había sido ya un león, sino un terremoto. Total que nos salió gratis la ración de carcajadas ese día. Bastaba una intervención oportuna interrogándole. ¿Le duele aquí, padre? -señalándole la nariz-. Sí. ¿Le duele aquí? -señalándole la oreja-. Sí. Y así otras partes del cuerpo. Y después de una breve pausa: ¿Le duele algo? No, no, a mí no me duele nada... El 24 de agosto no encontraba el acomodo que el día anterior le había resultado tan fácil. Era que buscaba el acomodo eterno... No cabe duda quefue un término muy mariano, acaso expresión de ese bien sabido AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE.» Editó innumerables estampas y panfletos, tratando, por todos los medios a su alcance, la consecución de su gran proyecto: que la Divina Pastora fuera proclamada Patrona universal del deporte. Cuen– tan que envió una estampa a los astronautas que llegaron por pri– mera vez a la luna: le respondieron que dicha estampa les había acompañado durante su viaje. En el viaje de Juan Pablo II a Vene– zuela entregó también al Papa un ejemplar de su libro También el deporte. Rl P. Cevico fue un religi,oso trabajador, espiritual y amante de la observancia regular. Ya desde muy pequeño había practicado una devoción filial a la Virgen, que conservó y fue acrecentando en el transcurso de su vida: se llamaba a sí mismo «tonto loco mariano». 653

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