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Son muy escasos los datos que poseemos de su vida, debido quizá a su secularización. En 1946 volvió nuevamente a la Orden, y en los Capítulos de 1948 y 1951 quedó anexionado a la comunidad de Valladolid, aunque no parece que fuera readmitido oficialmente en la Orden; él mismo manifestó, antes de morir, su última pesadi– lla: «Muero sin ser religioso». En el Libro de Crónicas del convento de Valladolid se narran así los últimos momentos de su existencia: «... Después de una lenta agonía de treinta horas, muere en la paz del Señor el P. León de Santibáñez, a las 11,30 del mediodía. Murió habiendo perdido varias horas antes plenamente el conocimiento. La gangrena, el reblandecimiento cerebral y la debilidad cardíaca fueron las últimas indi– caciones de los médicos ante su lecho. Asistieron los ocho religiosos de la comunidad a sus últimos momentos puntualmente... Durante la enfermedad, máxime los últimos días, se le asistió con toda caridad y amorfranciscano... Todos los días era necesario lavarle el cuerpo y las prendas de la cama, como a un niño de cinco meses...» Se alaba en esta narración el trabajo realizado por dos religiosos de la fraternidad que fueron verdaderos héroes en el sacrificado oficio de enfermeros. Todo esto sucedió el 20 de agosto de 1951. Al día siguiente se celebraron solemnes funerales con la asistencia de la comunidad en pleno. El P. León era hermano del también reli– gioso capuchino P. Severiano de Santibáñez. Humanamente hablando, su muerte debió resultar desagrada– ble, pero en esos momentos lo que cuenta es la actitud del alma ante Dios, que debió ser muy positiva, a juzgar por el comporta– miento religioso y el talante espiritual que manifestó durante los últimos años que vivió en compañía de los religiosos. BIBLIOGRAFÍA: BOP 3 (1948) 90, 4 (1951) 78; Valladolid: Libro de Cró- nicas. 642
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