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Agosto citado para asistir a ningún acto de comunidad. Los que le conocie– ron recuerdan, con fraternal compasión, sus noches en continuo llanto y sus lamentos ininterrumpidos, calmados únicamente por la visita caritativa de algún religioso que le regalaba parte de su des– canso para hacerle compañía. El día 14 de agosto de 1947 sufrió un acusado decaimiento físi– co del que no fue posible levantarle; el 19 se le administraron los santos sacramentos y el 20 entregó su alma al Señor, a la edad de 80 años. Fray Crescencio fue un religioso que prestó a los misioneros una ayuda encomiable con su participación en los actos litúrgicos y, sobre todo, como catequista, labor para la que estaba bien capacitado. No sufrió abandonos durante su enfermedad, pero sí la dura soledad de quien se siente incapacitado para el trabajo y un poco alejado de la convivencia con las personas de su entorno. Quizá sus continuos lamentos nocturnos no eran causados tanto por su enfermedad fzsica cuanto por el abatimiento moral a que estaba sometido, al no poder marchar al ritmo normal de la vida que se estaba desarrollando a su alrededor. De hecho, su cara se llenaba de alegría cuando podía contemplar la luz del sol, y su alma quedaba complacida cuando tenía la oportunidad de agradecer un rato de compañía prestada por los religiosos que, caritativamente, comprendían y lamentaban su situación. BIBLIOGRAFÍA: AO 64 (1948) 28; Cayetano 160; Estanislao 178 211 275 320; E-1994 50; AC, Vigo (1947) 101. 636

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