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con el fin de que pueda disfrutar de otro ambiente y recibir los cuidados de su sobrino, el P. Valentín Martín, que tiene su residen– cia en aquella fraternidad. Al día siguiente, cuando se encontraba dando un paseo por el camino que conduce a la iglesia conventual, murió inesperadamente, sin que el Hno. que le acompañaba pudie– ra prestarle ningún tipo de ayuda para remediar su situación. Le faltaba una semana para cumplir los 80 años de edad. El P. Conrado ha sido otro de los beneméritos misioneros de nuestra Provincia que ha dejado su impronta en la historia de la evangelización de Venezuela. Desempeñó numerosos e importan– tes cargos en las parroquias y en los centros de misión: Superior y Párroco en San Francisco de Guayo; Superior y Párroco de Tucupi– t::i; Vi,::irin p;:irrnq111;:il ~n Ciu<l;:i<l Rolív;:ir; Superior en Marac:aiho; Coadjutor en Barquisimeto; consejero del Vicario Apostólico y Su– perior Regular. Siempre consideró como un ingrediente esencial de la obra evangelizadora de los misioneros el fomento de la cultura entre los indios y su promoción en el orden social. Ésta es la respuesta que dio a un periodista aprovechando su estancia en Caracas donde se encontraba, en julio de 1953, para resolver asuntos relacionados con su cargo misional: «... Muchos no comprenden esta verdad; de ahí que hasta se diga a veces, en son de crítica, que los misioneros hacen mal en no concretarse solamente a los problemas espirituales; como si en las misiones no hubiera que construir edificios, escuelas, dispensarios...; como si no hubiera necesi– dad de alimentos, vestidos, medicinas, viajes, etc.; como si todo esto se pudie– ra conseguir o hacer gratuitamente... Infelizmente, tanto los misioneros como los indios no se componen úni– camente de alma o espíritu, sino que tienen cuerpo material con todas sus materiales necesidades, como los demás hijos de Adán... » 615

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