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días. Fray Pascual o el Hno. José Álvarez, como se llamó en los últimos años, murió en la clínica de San Camilo (Madrid) el día 5 de agosto de 1993, con 85 años de edad y 61 de vida religiosa. Escribió Franklin que si el tiempo, es más precioso que los bienes, la pérdida de tiempo debe ser la mayor de las prodigalidades. No fue, ciertamente, la pérdida de tiempo un atributo imputable al Hno. Pascual. Muchas veces los hombres valoramos a las perso– nas por la cantidad de lo que dan y no tenemos en cuenta que vale más la generosidad que manifiestan en su donación. Ambas cosas son importantes, pero de entre las dos, me quedo con la generosi– dad.- Los numerosos trabajos domésticos que realizó nuestro reli– gioso en beneficio de todas las comunidades a las que perteneció, fueron muchos en cuanto a la cantidad, pero, sobre todo, ricos en cuanto a la generosidad. Afrontó con valor y optimismo sus enfermedades, anclado en una ilimi– tada confianza en Dios y en su amor a la Virgen. Era de fisonomía gruesa y semblanza bonachona (los religiosos le lla– maban cariñosamentejuan XXIII). Con su diálogo fácil se ganó la estima de las personas que le trataron y consiguió crearse, entre ellas, buenos y numerosos amigos. Poseía un temperamento fuerte, pero se comportó como un religioso obediente y supo acatar, con docilidad, los consejos e insinuaciones prove– nientes de los superiores o de sus compañeros de comunidad. Su confianza en Dios y su devoción filial a la Virgen fueron el soporte para tolerar sus enfermedades y resistir, serenamente, los avatares de su vida capuchina. BIBLIOGRAFÍA: AO 111 (1995) 170; BOP 46 (1993) 268 s; Flash, n.º 150 (1993) 36, n.º 152 (1993) 42 s. 610
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